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Cementerio de Logroño

INTRODUCCIÓN AL CEMENTERIO DE LOGROÑO

Los cementerios se conciben como una construcción paralela a la ciudad de los vivos. Alejados lo suficiente por las medidas sanitarias, funcionan al ritmo de la ciudad que los alberga. Su comportamiento es cíclico, movido por la evolución de la sociedad tanto económica como demográfica y culturalmente.

El cementerio es el lugar consagrado para el descanso de los difuntos. El vocablo “cementerio” proviene del latín tardío “coemeterium” que, a su vez, procede del griego “koimeterium”, que significa “dormitorio”, derivado de “koimao”, “me acuesto”. Esta acepción se une a la idea de un espacio “junto a la iglesia” con el significado de dormitorio de los difuntos como lugar intermedio y transitorio donde esperan para pasar a un estado distinto (31).

La necrópolis tal y como las conocemos en la actualidad son un espacio relativamente nuevo. Frente a las del mundo antiguo y los enterramientos parroquiales, los cementerios “contemporáneos” aparecen como una entidad diferenciada (32). Veamos cuáles fueron los motivos que suscitaron la creación de estos recintos.

Como hemos dicho, desde la época medieval, se adquirió la costumbre de enterrarse en iglesias, conventos, hospitales y otros espacios urbanos, sin importar las consecuencias que suponía para la salubridad.

  1. ALCALDE ARENZANA, Miguel Ángel. “Historia y arte…”, op. cit., pp. 201-234.
  2. RODRÍGUEZ BARBERÁN, Francisco Javier. Los cementerios…, op. cit., p.15.

Lám. 1 Vista del cementerio de Logroño (aprox.1970) (33)

En casi todo el territorio nacional, la situación comenzó a deteriorarse a finales del siglo XVIII, cuando los templos se encontraban atestados de cadáveres y el hedor y emanaciones provocadas por el deterioro de los cuerpos se volvió insoportable. Los cristianos desearon ser enterrados cerca de los altares amparados por la protección de la iglesia. En un primer momento, sólo las más altas jerarquías civiles y eclesiásticas, fundadores o benefactores y personas de reconocida virtud tuvieron el privilegio. Pero poco a poco este privilegio dejó de serlo y las iglesias pasaron a convertirse en auténtico cementerios. Los antiguos cementerios extramuros quedaron para los pobres y, en algunos casos, se abandonaron (34).El crecimiento demográfico y las graves epidemias sufridas deterioraron  la situación.

La grave epidemia prolongada que sufrió la villa guipuzcoana de Pasajes, que hizo incrementar el número de muertos, puso en marcha la actuación de Carlos III concretada en la Real Cédula de 1787.

Para llegar a la redacción de esta cédula, se pidieron informes a varias ciudades europeas como Roma o París, con la intención de conocer cómo habían solucionado este problema.

33. AML, FO 22/36.

34.SAGUAR QUER, Carlos. “Carlos III y el restablecimiento…” op. cit., p. 241.

También se consultó al gobierno eclesiástico, que harto de los usos indebidos y del enriquecimiento que suponía para las parroquias, había visto como éstas se habían convertido en fuente de pestilencias y de insalubridad. El informe emitido por la Real Academia de  la Historia de 1783 suscrito por Gaspar Melchor de Jovellanos, Antonio Mateos Murillo, José Guevara Vasconcelos, Casimiro Ortega y el secretario José Miguel de Flores, resultó de gran utilidad para el Consejo de Carlos III (35).

La real cédula de 1787 establecía que los cementerios se ubicaran fuera de las poblaciones “siempre que no hubiere dificultad invencible o grandes anchuras dentro de ellas, en sitios ventilados e inmediatos a las parroquias, y distantes de las casas de los vecinos; y se aprovecharán para capillas de los cementerios la ermitas que existen fuera de los pueblos, como se ha empezado a practicar en algunos con buen suceso” (36)

En un primer momento, este documento no tuvo demasiada repercusión. Como veremos, en el caso de la ciudad de Logroño, será la crisis de subsistencia de 1803-1804 y las epidemias, las que acelerarán la prohibición de enterrarse en las iglesias, unidas a las Reales Órdenes de 26 de abril y 28 de junio de 1804. Sin embargo, la actuación de las autoridades competentes será tan lenta que hasta el año 1811, aproximadamente, se siguen dando este tipo de inhumaciones en las iglesias.

La gran mayoría de inhumaciones en el siglo XVIII, como hemos visto, se centraban en las parroquias. El sistema consistía en cada feligrés pedía sepultura en su parroquia y pagaba los derechos de inhumación establecidos por las mismas según el lugar que se ocupase dentro de la iglesia. Estos desembolsos suponían un enriquecimiento para los cabildos, ya que sólo se centraban en la inhumación, sino en la cera, el toque de campana si se pedía, el pago que se le hacía al cura encargado, incluso la limosna que se daba por el vestuario clerical con el que se enterraban a los eclesiásticos. De ahí que, en el momento que surgía el caso de que una persona se enterraba en otra distinta, se iniciaban toda una serie de procesos por los que la parroquia exigía recibir dinero correspondiente (37).

Por su parte, los cabildos asumían los gastos de rompimiento de sepulturas, encargo de losas, y de aquellas personas que, habiendo solicitado una, no podían hacer frente al gasto.

En Logroño, los enterramientos se producían en las Iglesias (Santa María de Palacio, La Redonda y Santiago el Real), en los conventos (Valbuena, San Francisco, Carmelitas, entre otros), en los hospitales (Santo Hospital) y en otros espacios urbanos como el Fosal. Este úlitmo era un espacio especialmente dedicado a dar sepultura a los pobres forasteros de los que no se tenía noticia sobre su condición religiosa y que, por ello, no tenía cabida en las iglesias.

  1. SAGUAR QUER, Carlos. Ibídem, p. 246
  2. RODRÍGUEZ BARBERÁN, Francisco Javier. Los cementerios…, op. cit., p.19.
  3. En 1762, María Gil, mujer de Martín de Nalda, vecino de Varea, es enterrada en Santiago. La Iglesia de Varea pertenece en este momento a Santa María de Palacio por lo que ésta insta a este cabildo a que exhume el cadáver, lo traslade y pague los derechos que suman 4 ducados (AHDL, Logroño Santa María de Palacio, carpta. 81 leg.25).

Era un lugar situado junto al Puente de Piedra de la ciudad (38). Este cementerio de “pobres” fue sufragado por Andrés Albía de Pedroso (39) y el coste de la obra fue de 726 reales.

La situación era semejante al resto del país. Como iremos viendo, las disposiciones reiterativas sobre los cementerios demuestran la lentitud del proceso. En España, el período de una construcción mayoritaria de cementerios generales se sitúa entre 1830 y 1850.

En Logroño, en 1832, fue la iniciativa privada la que puso fin a una situación insostenible y que se escapaba al control municipal que veía cómo no podía hacer frente a un gasto excesivo.

Este cementerio inicial se constituye como una estructura básica que se irá mejorando progresivamente conforme se avanza legislativamente. Los arquitectos irán redactando proyectos con memorias mascadas por las disposiciones que señalaban las condiciones higiénicas, las cualidades de los terrenos, ventilación, así como edificios que el recinto debía albergar como depósito de cadáveres, sala de autopsias, casas para el capellán y conserje, etc. En definitiva, se trataba de ir mejorando un espacio usado por la población.

El crecimiento de la población y los brotes epidémicos son los detonantes de nuevas ampliaciones del recinto (40). En Logroño, las más importantes serán las que realizan Luis Barrón y Fermín Álamo, el primero en 1885 y el segundo en 1910. Como veremos estas ampliaciones no cesarán ya que en la actualidad se sigue incrementando el espacio.

Desde la creación del cementerio y sus sucesivas ampliaciones ha estado presente la cuestión elemental, el Río Ebro. Este río tan importante para los logroñeses, ha sido un factor determinante en la ubicación de la necrópolis.

La distancia mínima en la que debía ubicarse el cementerio con respecto a la última casa de la ciudad o pueblo era de dos kilómetros. La distancia era de unos cuatrocientos metros y aunque era insuficiente ésta era invariable. Además el Ebro provoca un movimiento atmosférico ascendente por la evaporación lenta e incesante que se produce en la superficie del agua, evitando que las exhalaciones miasmáticas lleguen a la población. Las características del terreno y la buena ventilación así como la barrera natural del río Ebro han propiciado que conozcamos el cementerio de Logroño en su ubicación original.

  1. Actualmente corresponde al espacio que ocupa el Tanatorio Pastrana.
  2. Andrés Albía de Pedroso, secretario del Consejo de Guerra de Felipe II y veedor de las galeras del rey, es padre, entre otros, de Fernando Albía de Castro, autor del Memorial y discurso político por la muy noble y muy leal ciudad de Logroño^ pieza insustituible de la bibliografía histórica logroñesa. SIMÓN DÍAZ, José. "El historiador Albía de Castro y su linaje". Berceo, n 5 (1987), pp. 513-522.
  3. Como ejemplo, podemos citar los brotes de cólera morbo asiático de 1834 y sus posteriores reproducciones en 1854-1855 y 1885. LÁZARO RUIZ, Mercedes; GURRÍA GARCÍA, Pedro A. "La población logroñesa al final del Antiguo Régimen." En: Historia de la ciudad de Logroño. Logroño: Ayuntamiento, Ibercaja, 1994, tomo IV, p. 176.

Conforme evoluciona constructivamente el recinto se produce un avance en la política de gestión del mismo. Cuando se amplía el espacio, se construyen nuevas dependencias, se necesita una mejor administración del lugar y más personal encargado de las tareas. Como veremos, el control en las inhumaciones y exhumaciones, de los gastos de mantenimiento y reparación, irán incrementando conforme evoluciona la necrópolis.

En este sentido, en Logroño nos encontramos con tres fases significativas en la gestión. La primera data de 1832 hasta 1887 en la que el titular del cementerio era Santa María de Palacio (41), por cesión de Cayetano de Sierra, su fundador. En la segunda etapa, será el ayuntamiento logroñés el gestor y administrador. El campo santo es municipal con excepción del cementerio viejo del que no podrá hacer uso y por el que pagará un censo a la parroquia. En 1972, se producirá la redención de dicho censo y el Ayuntamiento podrá hacer un uso total del lugar, suponiendo así la tercera fase de gestión hasta la actualidad.

Dentro de esta organización conoceremos a los que serán los administradores del cementerio hasta el día de hoy. Son los hermanos fossores, una congregación que llegó a Logroño en 1965 y que, como veremos, realizarán y realizan un trabajo fundamental en las labores organizativas y administrativas del campo santo.

Además de la gestión y administración, el cementerio se concibe como un suelo “edificable”; por lo tanto, genera rentas para los propietarios tanto para las Iglesias como para Ayuntamiento u otros propietarios, institucionales o privados. En definitiva, la construcción de los cementerios supone una nueva fuente de ingresos.

En los nuevos cementerios debían reconocerse los cambios que se daban en la mentalidad de la sociedad con respecto a su muerte y representación. Cuando se dio la necesidad de construir los cementerios extramuros de la ciudad, la mayoría de la sociedad se mostraba reacia a estas construcciones. De estas nuevas necrópolis se infería una visión de la sociedad incompatible con el status quo existente y con los deseos de ascenso social, especialmente de la burguesía. De ahí, que la negativa a adoptar este modelo fuese tan importante, y que se mantuviera hasta el momento en el que el cementerio asumió a través de la jerarquización del espacio, un carácter de lugar cargado no sólo de simbolismo religioso, sino también social y económico (42).

  1. Como veremos, dentro de esta etapa hay una fase en la que Santa María de Palacio no gestionará el cementerio o lo hará en aspectos muy concretos.
  2. PASTOR ARACIL, Manuel. "En torno a un concepto de muerte: cementerio rural / cementerio urbano". Canelobre: Revista del Instituto alicantino de cultura "Juan Gü-Alberf, n- 46 (S 2001-2002), p. 94.

Al establecerse el pago de distintos derechos para la inhumación en una zona u otra, se otorgaba al suelo unas características semejantes a las de la ciudad. Aunque la fórmula era la de concesiones a perpetuidad, se trataba en definitiva de una adquisición del lugar elegido para la tumba. Se pasó de solicitar la cercanía al altar mayor a la vecindad de la capilla del recinto fúnebre (43).

Como veremos en el desarrollo del libro, el uso del suelo generaba una alta rentabilidad no sólo para el titular del cementerio sino para aquellos que podían permitirse la adquisición de sepulturas con el objeto de alquilarlas a otros. A principios del siglo XX, un particular podía comprar un terreno y alquilarlo o revenderlo a otros. Por eso nos encontramos con que muchos panteones están a nombre de particulares y de empresarios, como los marmolistas, que posteriormente serán quienes gestionarán las empresas funerarias, que los alquilan a diferentes propietarios (44).

Esta disposición del terreno y la necesidad que tiene el Ayuntamiento de que se den estos servicios hace que surjan las primeras sociedades de pompas fúnebres. Era frecuente que los servicios fúnebres se ofreciesen a conducir gratuitamente los cuerpos de los pobres con el fin de no pagar impuestos y asegurar se un servicio continuado aprovechándose del vacío legal existente en cuanto a servicios funerarios. En Logroño, el primer encargado de estas funciones fue “Jerónimo Miguel e hijos”, lo que posteriormente se convertiría en “Pompas Fúnebres Pastrana” (45).

El cementerio de Logroño es llamado también Cementerio de Nuestra Señora del Carmen 46. Según la tradición, durante la celebración de Pentecostés, algunos fieles que investigaban la vida de los profetas Elias y Elíseo en el Monte Carmelo, actual Israel, fueron convertidos al catolicismo tras la aparición de una nube en la que iba una imagen de María. En ese monte, fundaron un templo en honor a la Virgen y la congregación de los Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, los carmelitas, que pasó a Europa en el siglo XIII.

Según es tradición, la Virgen prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que hayan vestido el escapulario durante su vida, el sábado siguiente a la muerte de la persona y llevarlos al cielo, creencia que ha sido respaldada por los Pontífices. La iconografía principal de la Virgen la muestra portando dicho escapulario.

La primera referencia que nos encontramos en la investigación fue una noticia de 1842 en la que se pedía a Casimiro Miguel Soret que justificase la propiedad de un retablo de la Virgen del Carmen y otros objetos pertenecientes al exclaustrado convento del Carmen (49).

43. RODRÍGUEZ BARBERÁN, Francisco Javier. Los cementerios..., op. cit, p. 24.
44. AML, L-9287; AML, L-9289.
45. Actualmente, "Pompas Fúnebres Pastrana" y "San José" son las que se dedican a estas prestaciones en la capital riojana.
46. Este aspecto es poco conocido por la población logroñesa. Sin embargo, nos encontramos con multitud de proyectos que nombran al cemente rio como el de Nuestra Señora del Carmen..
49. AML, Libro de Actas Municipales, 1842, s.f. de 5 y 9 de marzo.

Lám. 2. Carruaje “rico” de la empresa funeraria Pastrana (47)

 

Lám. 3. Carruaje de caridad de la empresa funeraria Pastrana (48).

  1. AML, L-9291.
  2. Ibídem.

En mayo del mismo año, Matías Laviña, arquitecto municipal, tuvo el encargo de reconocer un arco de la capilla e informó, para su reclamación a Santa María de Palacio, que en la misma faltaban una imagen de la Dolorosa, una araña y otros efectos (50).

No se puede establecer si hay alguna relación con el hecho de que Casimiro Miguel tuviese en su poder el retablo de la Virgen del Carmen y que Santa María de Palacio retirase la imagen de la Dolorosa. Sí que es de extrañar, que, precisamente, Casimiro sea uno de los herederos de la familia Soret (51), que como veremos está relacionada con la historia del campo santo, y sea un posible antecesor de la familia Miguel Benito, fundadores de la empresa funeraria Pastrana. Como vemos son muchas las coincidencias con res pecto a la relación de Casimiro Miguel Soret con el cementerio logroñés (52), pero no podemos establecer una relación directa con los hechos.

Sí que podemos decir que en 1936 la capilla del cementerio alberga ya una imagen de la Virgen del Carmen.

“Refiriéndose a la restauración del culto católico en la capilla del cementerio dice que se ha colocado una imagen de la Virgen del Carmen y algunos otros objetos y pide se dé las gracias a los donantes por su desprendimiento.

El sr. Gil López, pide que el día en que la capilla quede dispuesta para el culto se diga una misa por las víctimas del movimiento y que ala […] acuda el ayuntamiento en corporación “(53).

La relación de la Virgen del Carmen con los difuntos es la razón fundamental de que el cementerio logroñés sea conocido como el de Nuestra Señora del Carmen.

En definitiva y concluyendo esta rápida introducción, los cementerios son ciudades en constante cambio, evolución y movimiento.

Así sigue actuando el cementerio de Logroño. Situado al norte de la ciudad, cerca de un núcleo de viviendas conocido como Barrio de San Antonio, el cementerio ha ido creciendo y sigue haciéndolo, eso sí, siempre hacia el norte, evitando que el desarrollo urbanístico le afecte.

50.AML, Ibídem. Sesión de 21 de mayo.

51.AHPLR, Logroño, Francisco Javier Muñoz, 1825-1827, leg. 1197/1, fols. 192r.-193v.

52.Casimiro Miguel Soret aparece relacionado en varias ocasiones con el cementerio de Logroño (AHDL, Logroño Santa María de Palacio, carpt. 79) y también con el del Barrio de Varea. En 1844, el Ayuntamiento de Logroño comisiona a Casimiro Miguel Soret para que proceda al reconocimiento del cementerio de Varea y de cuenta de su estado (AML, Libro de Actas Municipales, 1844, s.f.).

53.AML, Libro de Actas Municipales, 1936-1938, fol. 93r. Sesión de 27 de agosto de 1936.

La tendencia actual de construcción de menos nichos y panteones, debido al incremento de las incineraciones y de la reutilización de enterramientos, provocará, una vez más, cambios en la evolución del campo santo. Y por supuesto, la posibilidad de que los hermanos fossores, que han visto mermada su institución, acaben por desaparecer, provocaría que el consistorio necesitara replantearse la gestión del recinto, con lo que, una vez más, nos encontraríamos un nuevo evento en la historia del cementerio logroñés.

Como vemos, no se trata únicamente de valorar los elementos arquitectónicos, escultóricos o históricos de este espacio, sino concebirlo como una fuente de conocimiento de la sociedad, de sus costumbres y cultura, en definitiva, del desarrollo de una ciudad desde el siglo XIX al siglo XXI.

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