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Deterioro de los bronces

DETERIORO DE LOS BRONCES

Los factores ambientales comunes como el viento, la lluvia y la temperatura pueden causar deterioros en los apliques de bronce en las lápidas. A ello se le suma la contaminación atmosférica y cambios medioambientales como la humedad, el salitre o la lluvia ácida.

Todos estos factores actúan como oxidantes que pueden ennegrecer, fracturar, oxidar o causar el desprendimiento de las piezas. No obstante, el bronce presenta una gran resistencia a la corrosión y a la fricción ya que, actualmente, se aplican diversas protecciones a este metal, que suelen ser eficientes.

En el oficio funerario
, los artículos de bronce están presentes en varios detalles como son las inscripciones, las letras, los portafotos o las cruces. Incluso pueden hacerse grabados tridimensionales de fotografías en bronce.

Quizás el aplique dominante sea la identificación de la lápida, por lo que el primer paso para su conservación consiste en evitar que se desprendan las letras. Con el propósito de mantener las piezas en su lugar, es importante que la superficie de la lápida se encuentre limpia antes de colocar el aplique.

La unión entre la piedra de la lápida y el metal suele llevarse a cabo mediante agujeros y espárragos con un adhesivo especial (sobre todo en el caso de las letras). Para colocar estas piezas, la temperatura ambiental debe estar entre 20 y 40 grados centígrados hasta conseguir una resistencia de -30 a 100 grados centígrados. Detalles más grandes como placas o estampas religiosas suelen atornillarse a la lápida, en vez de ir pegadas, mediante agujeros pasantes con un esparrago arandela y tuerca por la trasera de la lápida fosa o tumba

Pero precisamente la combinación de materiales en las lápidas: piedra, adhesivo y metal, dificultan el mantenimiento del conjunto porque, aunque el producto esté especializado en un componente, puede afectar al otro.

Óxido en el bronce

En general, el bronce se elabora con una aleación de metales. La regulación de la Unión Europea exige un mínimo de 65 % de cobre.

Los apliques para lápidas suelen tener un acabado satinado, pero también se pueden adquirir por encargo los acabados de oro, cromado, envejecido, pulido y negro. Todo ello proporcionado por técnicas modernas de tratamiento y recubrimiento.

Además, también se utiliza el bronce en elementos decorativos externos para panteones (estatuas, lámparas, imágenes de pared, jardineras, búcaros, etc.) o ataúdes (asas y remaches).

El cobre, como se ha dicho, es el componente principal del bronce y, con el tiempo, presenta una pátina, que consiste en una capa de sales. Esto sucede por un proceso espontáneo de corrosión, brindándole un tono característico: pasando de su rojizo natural a una especie de barnizado verdoso, azulado o marrón.

 

Barniz recubrimiento de los bronces

Si bien el color característico de los apliques de bronce utilizados en el cementerio es color dorado que se consigue con un barniz de recubrimiento color cuero que con el tiempo tiende a oscurecer hasta perder el brillo y tornarse marrón muy oscuro      

( figuras de bronce oscurecidas)

 

¿Cómo arreglar los bronces del cementerio ?

Para mantenerlo más tiempo evitar frotar y así erosionar la capa de barniz. Es un error común pensar lo contrario y que un bruñido y limpieza constante lo mantendrá sirviendo esto únicamente para acelera el proceso de degradación del barniz

Existen espráis que limpian y mantienen y protegen el color del barniz pero una vez desaparecido solo una restauración de figura de bronce completa vuelve a dejarlo como nuevo

La pátina

Puede aparecer incluso en piezas pequeñas como en estos apliques para lápidas. Por ello, los tonos de la pátina también son habituales en lápidas antiguas en los cementerios. Pero en general, un recubrimiento adecuado puede prevenir o atenuar esta situación.

Para limpiar los apliques se recomienda consultar a expertos y aplicar productos especializados. Algunas fórmulas caseras recomiendan combinaciones de ácidos (limón o vinagre) con elementos como el bicarbonato de sodio. En todo caso, debe estar claro que el objetivo no es recuperar la apariencia original sino eliminar lo dañino y permitir que la pátina se conserve estable debido a que es un proceso natural.

Además, existen químicos desoxidantes que contribuyen a mantener la salud de los apliques.

El proceso de degradación ocurre muy lento y forma parte de la tendencia de los metales a volver a su estado natural previo a la intervención del hombre. Dicha intervención consigue combinar y fundir este metal para la elaboración posterior de diferentes piezas.

La pátina parece una especie de barniz duro y reluciente. Su presencia en una pieza no tiene una causa única ya que puede dividirse en varios tipos: estable, inestable o destructiva e, incluso, artificial.

El primer tipo, protege al metal mismo y no debe ser retirado porque en breve volverá a surgir. Además, su eliminación contribuye a una pérdida del material. El bronce sigue siendo un material común dentro de las bellas artes y antiguas lápidas con inscripciones en bronce dan testimonio de su durabilidad.

En el extremo contrario en cuanto a conservación, se encuentra la pátina inestable o destructiva. También se la conoce como “cáncer o enfermedad del bronce” y se trata de sales que sí corroen y pueden llegar a consumir el metal y el objeto.

La pátina en sí resulta tan característica en las piezas de bronces que los fabricantes también han buscado maneras de crearla artificialmente. Para ello aplican sustancias químicas (en diversos grados y medidas) en puntos específicos de la obra.

En general, solo las piezas de gran valor histórico se someten a procesos de restauración y conservación, mientras que en aquellas más sencillas solo se busca evitar la pátina destructiva. En todo caso, los procedimientos mencionados buscan prolongar la vida de las obras y evitar la reaparición del residuo dañino.

A la intemperie

Una vez superada la Edad de Piedra, el bronce
fue el segundo material más utilizado –entre el cobre y el hierro– de la Edad de los Metales. A lo largo de la historia, la humanidad lo ha usado en joyería, en la fabricación de utensilios, en campanas y armas e, incluso, en el arte funerario.

Su popularidad en industrias tan diversas se debe a que se trata de un material maleable, durable, fuerte, buen transmisor de calor y sonoro. Las piezas expuestas a la intemperie, como el caso de un aplique en la piedra de una lápida en un cementerio, pueden ser limpiadas y pulidas para recuperar el acabado que dio el fabricante. Incluso pueden lijarse en una micro restauración si el deterioro lo amerita.

Pero hay que tener en cuenta que la pátina puede reaparecer por los factores externos como lluvia, cambios de temperatura y contaminación. Además, un proceso de restauración con lijado puede requerir un nuevo recubrimiento de la pieza y eliminar el acabado que dio el fabricante.

Los apliques de bronce en las lápidas pueden considerarse parte de la identificación de la tumba, una manifestación religiosa o elemento que muestra cómo se recuerda al ser querido. Por ello, son más que solo un elemento decorativo. Por tanto, su fin puede sobrepasar el homenaje al difunto para tener la intención de transmitir paz y mensajes de aliento religioso a los deudos.

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