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Problemas y soluciones habituales para olores en el cementerio

Hasta 40 litros por un adulto de 70 kilos de peso. Esa es la cantidad de líquido que se desprende de un cuerpo en el
proceso de descomposición, una circunstancia solo evitable en los casos de incineración y que en ocasiones, por
desgracia, chorrea por la lápida. ¿Su origen?

DSC01171Poco a poco, el proceso natural va generando residuos que pueden filtrarse
en el sustrato del cementerio. Estos lixiviados están formados, mayoritariamente, por agua y sales minerales, pero también
por una cantidad menor (pero importante) de sustancias complejas derivadas de la putrefacción.
Sus nombres hablan por sí mismos: putrescina, cadaverina? son algunas de las sustancias que se pueden encontrar en
estos lixiviados. El resultado es la filtración de desagradables olores en el cementerio y peligros para la salud pública, ya
que estos líquidos pueden favorecer el crecimiento de bacterias y hongos nocivos, además de filtrarse hasta las aguas
subterráneas de consumo. El líquido de putrefacción puede, además, llevar una carga importante de las sustancias que el
cuerpo portara en el momento de la muerte, tales como medicamentos de quimioterapia, radioterapia, metales solubles y
otros tratamientos médicos. La toxicidad final del conjunto puede ser muy elevada. Y debe multiplicarse por la gran
cantidad de nichos y tumbas que hay en el cementerio. Los olores en la lapida se incrementan.
Antiguamente, los nichos de ladrillo eran recintos estancos sin cámara de gases. Los líquidos quedaban retenidos en la
propia tierra, a la que habían llegado atravesando una capa de rasilla o ladrillo fino tras filtrarse por el nicho. Esto
provocaba evidentes riesgos para la salud.
¿Cómo evitar un peligro de salubridad y de olores en los cementerios y sus aledaños? Se impone la actuación
responsable y el trabajo profesional para conseguirlo.DSC01178

Es imprescindible que la edificación de los nichos cumpla con todas
las garantías y que aplique contramedidas para evitar las fugas de olores y la contaminación por lixiviados.
Existen diferentes maneras de construir los elementos de un cementerio, pero los sistemas técnicos y las medidas de
contención suelen ser comunes, con mayor o menor aplicación según las circunstancias. Las más habituales suelen ser:
– Cámara de lixiviados. Esta estructura recibe los líquidos procedentes de los nichos y debe ser de material hidrófugo que
impida su filtración al terreno. Los líquidos se mantienen en la cámara para evaporarse.
– Grava. En la cámara de lixiviados, ejerce de filtro para evitar que el líquido se acumule en un único punto. De esta
manera hay más contacto con el aire y los fluidos cadavéricos se descomponen más rápido.
– Sosa cáustica. Se usa en grandes cantidades por su acción corrosiva. Acelera la descomposición de los lixiviados y se
encuentra en las canaletas o desagües.
– Chimeneas con carbón activo. Estos elementos permiten la salida de los gases de evaporación y degradación de los
lixiviados de los nichos, pero no los malos olores. Esto es así porque incluyen filtros de carbón activo, situados en las
paredes internas de la chimenea en forma de pellets. Existen diferentes formatos de chimeneas, como las chimeneas
sobre cubierta, las rejillas de ventilación verticales en pared, los aspiradores de hormigón, etc.
Todos estos componentes y otros que se pudieran instalar en la construcción de un bloque de nichos, deben apoyarse en
unos materiales especialmente pensados para las especiales necesidades higiénicas del cementerio. Hormigón hidrófugo,
aislantes, sellos para junturas, resinas impermeabilizadoras, telas asfálticas, etc., son elementos que no pueden faltar para
poder retener, sin fugas, los peligrosos líquidos del lixiviado cadavérico para poder, entonces, degradarlos de manera
natural en las cámaras. Y todo el conjunto debe idearse con la inclinación adecuada para facilitar el cauce del líquido.
Por último, siempre cabe la restauración y reparación en casos en los que, con el tiempo o por inadecuada obra original,
se produzcan fugas.

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